Me despido dándole un beso en la boca, se levanta, hace una sonrisa corta y sube al bus, mientras yo camino me mira, justo cuando acerca su mano para pagar su pasaje me mira otra vez con cara interrogativa, como si sospechara algo. En realidad no hay nada de que sospechar, siento tranquilidad mientras camino con la cabeza agachada, los brazos sosteniendo la mochila como si tuviera miedo que de pronto me abandone. Se me ocurre algo, me inquieto. La mochila no pesa mucho, lo que ahora pesan son los pensamientos, las interrogantes, los porqués, porqué voy a la farmacia, porqué digo buenas tardes y pido una muestra de embarazo a un hombre viejo que me mira como me miraron otros ojos desde un bus mientras pagaba el pasaje.
Tomo la prueba de embarazo en mis manos, pago ocho dólares con un billete de a diez, espero diez y seis segundos exactamente, tengo esa manía de contar los segundos que espero por las cosas, una vez conté hasta mil doscientos treinta y cuatro en un aeropuerto esperando el avión en el que llegaba mi papá, en otra ocasión esperé cuatrocientos setenta y ocho segundos por un helado de crema.
Recojo el vuelto y camino con el paquetito rosado en mis manos, tengo una rara sensación en el estómago, no son mariposas, odio que la gente siempre diga que siente mariposas en el estómago, en realidad siento nauseas, siempre me da vómito cuando tengo nervios, no debería tenerlos, no hay ninguna razón para que las malditas mariposas comunes vengan.
Tengo ansiedad, la cajita en mi mano derecha, la mano izquierda sostiene la mochila, camino y me viene a la mente los ojos interrogadores pagando el pasaje. Parece que siempre sabe lo que me pasa, parece que nunca puedo mentirle.
Ya estoy cerca del baño de la universidad, no escondo la caja, entro, paso por los lavamanos, golpeo a una puerta amarilla, nadie contesta, abro, cierro, abro el paquete rosado que tiene una florcita con pétalos blancos en la caja, saco el instructivo, lo leo:
La prueba de embarazo “Ojalá” es un inmunoensayo cromatográfico para la detección cualitativa de gonadotropina coriónica humana en la orina para ayudar en la detección temprana del embarazo.
No entiendo nada, me salto toda la introducción y veo los dibujitos, esto es más claro, hago lo que dice la ilustración, me bajo levemente el pantalón y orino sobre el plástico blanco.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, mientras cuento pienso en esa estúpida publicidad de pruebas de embarazo en la que una chica se hace la prueba, se queda con cara de idiota y nunca sabes si la respuesta es positiva o negativa, siete, ocho, nueve, diez, no debería tener nervios, es absurdo, once, doce, trece, catorce, quince, de la blancura comienzan a nacer una línea rosada, es negativo, no se porqué, me alegro, la respuesta era obvia, meto el plástico blanco en la cajita, el instructivo inentendible también, salgo del baño y le veo al Camilo parado frente al urinario, trato de salir sin que me mire, mierda. Qué tal Arturo, me dice, mientras se sacude la orina sin evitar sacudir el cuerpo. Qué mas loco, le digo, por decir algo. Que es de voz viejo, cuándo te asomas para pegarnos unas bielas, me pregunta con aire jovial y golpeándome el brazo. No se loco, le digo yo, yo te he de llamar. Nos comenzamos a mover hacia la misma direcciónn, el se lava las manos, yo lo hago sin ninguna razón.
Bueno viejito, me dice el Camilo, asomaraste pues. Simón loco, ahí estamos en contacto. Nos vemos Arturín, me dice. Por fin me libro del tipo y camino en dirección a la parada de bus. El teléfono suena, son los ojos que me miraron interrogantes mientras pagaba su pasaje. Hola preciosa, digo en voz baja. Como estás mi cielo. Bien, ya estoy yendo a la casa, le respondo. Recién, me interroga sabiendo que le miento, cómo así. Es que no pasaban buses. Ahh, me dice ella. Bueno preciosa, te llamo cuando llegue a la casa. Chao amor, me llamas.
Espero el bus trescientos doce segundos, me subo, pago, encuentro un asiento en la última fila. Me comienzo a sentir estúpido, pienso en la prueba de embarazo que está en mi mochila con una raya que dice negativo.
1 comentario:
Un pana mio diria ... bien gay el cuento!.. pero se que ese pana no sabe nada de literatura.... para mi esta chevere.. me hizo dudar, y volverlo a leer para digerirlo bien.. y eso significa que estubo bueno..
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