lunes, 20 de octubre de 2008

ARTURO

ENTRE EL 30 DE JUNIO Y EL 5 DE JULIO

ANTECEDENTES
 
Mientras leía 'La ciudad de los perros de Vargas Llosa' pensé en cientos de cosas y hechos que estuvieron en mi adolescencia. Decidí escribir sobre eso. Sobre esa adolescencia llena de masturbaciones mentales,físicas y continuas ilusiones. Los profesores castigadores. Los amigos que ya no existen. En fin. Este solo es un intento de no olvidar mi pasado. Escribiendo vuelven a mi imágenes que las había borrado. Cuando escribo existen y dejan de estar muertas en mi cabeza. 
 
 ARTURO 1

Arturo Jácome Calvache se la quedaba viendo. Natalie Reina se sentaba a dos puestos de su sitio. Regresaba a ver con velocidad. La niña parecía sonreír levemente demostrando darse cuenta de las constantes miradas de Arturo.

  ¿De quién habla? Será de mi?. Urgaba en su mente mientras veía la frente de Reina.

- Oye Jácome, gritaba una lengua que tropezaba con sus dientes superiores y el paladar, generando una z española exagerada que le daban un aire estúpido, hiciste mate?. No jodas Bonifaz, a qué hora pues? Si me quedé dormido hasta las doce, comí de una y vine para acá. Pídele al Morales, ese man de ley tiene y después me pasas.

Arturo estaba rodeado de una a seis y media de la noche por 27 hombres y 25 mujeres que se sostenían en las edades de 13 y 14. Estaba en segundo curso. Su cara era flaca, morena y angulosa, con unas cejas gordas y grandes pestañas que habían originado cientos de burlas desde su infancia. El Jácome se pinta las pestañas, decían sus compañeros. Sus manos eran delgadas, junto a sus brazos que parecían dos tubos café oscuros, recios y fuertes. Boca gruesa, nariz redonda, idéntica a la de su madre, sus ojos grandes como los de su padre. Nació con el rabo verde. 

Los aviones pasaban a poca distancia del colegio. Retumbaban las ventanas cada treinta minutos.  Pael primer golpe en el hombro. 

 Pau, prag, pau. el hombro de Bonifaz era abatido. El juego consistía en golpear el hombro cuando se oía un avión, la única forma de evitarlo era haciendo una señal con los dedos.

 

Listo para el despegue?. Listo torre de control. Alerones listos, permiso para despegar?. Permiso concedido.

El avión en pocos segundos estuvo lejos del suelo. Los pasajeros veían alejarse una ciudad de colores que poco a poco iba teniendo un tinte plomo por las casas en las periferias.

El sonido del avión llegó rápidamente a los oídos de Arturo.  Pensó en milésimas de segundos. Alzó el brazo con violencia y lo sacudió sobre el hombro gordo y fofo de Morales.  

 Qué carajo está haciendo Jácome, dijo el profesor de historia que acababa de llegar. Era un hombre delgado, con ropas viejas y una carpeta marrón bajo el brazo. El Caballo Loco le decían. Su dientes eran grandes y cuando reía se sobreponían a los labios delgados.

Perdón licenciado. Estábamos jugando. ¿A eso le llaman juego? Vaya adelante. Que vaya adelante le digo. Caballo hijo de puta, para lo que me importa su puto imperio Romano y la religión de Roma. Y deje de estar murmurando y muévase, alce las manos, eso, a la altura de sus hombros. Se va a quedar así toda la hora. Oyó?. Ni que fuera sordo Caballo pendejo. Que si oyó le pregunté. Si licenciado.

Miraba a Morales con odio. La clase escondía sus risas. Ya habían pasado diez minutos y los brazos le quemaban, daba pasos pequeños hasta llegar a arrimarse a la pared. Descansaba. Cuando el Caballo regresaba a ver, daba un paso corto y rápido para despegarse de la pared.

Ya está cansadito?. Un poco licenciado. Ah, un poco nomás?. Conste, ustedes mismo oyeron, quédese nomás ahí parece que le ha sabido gustar no?

Los compañeros de Arturo  reían. Especialmente Ayala. Era flaco y alto. Su cabello era claro. Combinaba con sus ojos verdes. Se lo distinguía entre todos. Un año atrás la profesora de mecanografía había preguntado a toda la clase: Quién tiene computadora? Alguien del curso tiene computadora? Nadie alzó la mano. Arturo quedó vio con rabia a Ayala. Él mismo había estado en la casa del ojiverde jugando tetris en la computadora que el papá le había comprado. 

Está cansadito Jácome?. Si licenciado. Vaya a su puesto. No escuché “el gracias licenciado”. Gracias licenciado. Ah ya, hablará durito no? Y usted Morales, le veo otra vez golpeándose con el Jácome y les hago que se pateen en frente de todos, oyó?

Jácome estaba sentado cerca de Natalie. La tiraba del cabello. Le rayaba los brazos. Veía sus piernas hipnotizado. Eran blancas y firmes como las que alguna vez había visto en un calendario del hermano. Bonifaz se sentaba a su lado casi siempre en silencio. Hablaba poco. Tenía miedo de decir algo estúpido. Jácome era su único amigo, a veces él iba a su casa y besaba a la hermana de Bonifaz en la boca.  No te enojas Bonifaz? le decía Arturo. No loco, ella ha de saber lo que hace. Y qué tal besa?. Rrico, pero a veces la boca le sabe rraro, y vos nunca te has besado con nadie?. Una vez. Y?, interrogó Arturo. Y nada, metía demasiado la lengua y me dio asco. Asco?  eres un marica, si es lo más rrico. Debes practicar con una naranja. Tienes una naranja? trae una. Arturo cogía un cuchillo de mesa entre sus manos. Delicadamente hacía un círculo del tamaño de una boca.

 Verás Bonifaz, te imaginas que la naranja es la boca de, chuta de quien, ¿quién te gusta?.No se, ninguna. Chucta, alguien te ha de gustar pues?.La Mayra Morillo. ¿Esa gorda? Bueno. Ves el hueco de la naranja?, esa es la boquita de la Morillo. Arturo se acercaba lentamente a la naranja. Antes de acercarse totalmente daba pequeños toques de lengua a los filos del orificio. Eso es para que se emocionen, le de cía a Bonifaz, cachas?, eso les gusta. Pegaba sus labios a la naranja, su lengua entraba y salía con rapidez dentro de la naranja que poco a poco se flaqueaba. Sus manos apretaban con fuerza la fruta. Arturo cerraba los ojos. Su respiración era fuerte, al ritmo de un corazón. Bonifaz sintió una erección y trató de ocultarla cerrando las piernas con suavidad. Ves? si es facilito. Ahora te toca a vos. Que asco, esa naranja está baboseada, eres un morboso Jácome, de dónde sacas tantas huevadas?. Mi hermano me enseñó, dice que uno, antes de descocarse los labios debe mucharse primero con una naranja, a mi me fue bien. La primera ves que me besé con la Alicia, la hija de la vecina de mi abuela,  le encantó. Dijo que nadie le había besado así. El secreto está en la lengua menso. Despacito nomás. Despacito.


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