domingo, 12 de octubre de 2008

PICHIRILO ROJO

 Corrió con la velocidad que una niña de nueve años puede hacerlo. La mochila rebotaba en su espalda, esta se empeñaba en golpearla con cada paso. En su mano izquierda llevaba un chupete barato y ácido, de esos que te hacen fruncir la cara. En la mano derecha llevaba a Lady, su mejor amiga desde el primer grado. Las dos con medias blancas, falda blanca, calzón blanco, blusa blanca, lazos en el cabello blanco y sobre toda esa enorme blancura un saco celeste que irrumpía todo. Agitadas corrían, una detrás de la otra, el bus no las esperaría, faltaban aún dos cuadras. Sabían que el bus por el que corrían salía de su parada entre la una y la una y cinco, así que con sus pequeñas piernas encima debían atropellar a quien fuera necesario para que Lady llegue a la una y cincuenta y la niña que no diremos su nombre llegue a las dos, justo para la novela mexicana.

 

Una y tres minutos. Lady como siempre se queda un poco atrás, la otra niña regresa por ella. Sus rodillas siempre están resecas, su piel es morena y su pelo negro y lacio. Faltando pocos metros ven el bus azul. No les dejó. Se frenan un poco, mientras llegan sacan de sus carteritas doce centavos, suben las tres gradas, sin mirar a la cobradora ponen los centavos en su mano y alzan a ver esperanzadas que el último asiento esté desocupado. No lo está, dos colegiales gordos y sudados ríen mientras se golpean en los hombros.

 

Les toca sentarse en el medio. Lady en la ventana y la otra niña al lado del pacillo. Son la una y cinco, el bus casi lleno en su mayor parte por niños y niñas de diferentes escuelas, algunos colegiales, algunos adultos que extrañamente no están en oficinas y que según Lady deben ser desocupados, “porque quien está en la calle de 8 a 5 de la mañana debe ser un vago o un vendedor callejero”. La otra niña observa el cemento de la calle mientras el bus arranca. Alza su rostro y ve la ciudad llena de carros, gente, suelo, edificios, casas. Piensa en la comida que estará lista cuando llegue a su casa, los carros pasan junto a su ventana, observa a los conductores de autos pequeños y lujosos y les saca la lengua, la otra niña la codea, ríen juntas de la reacción de los adultos en sus autos, a veces hacen como si no hubieran visto, algunos se han enfrentado a las niñas y sacaron su lengua como un arma durante un par de segundos lo que siempre hace que las niñas rían aún más.

 

Juguemos a los pichirilos dice Lady, la otra niña pone cara de duda, No conozco el juego dice, Es bien fácil, mi papi me explicó, hay que buscar pichirilos, si ves uno dices el color y después contamos a ver quien ganó. Y que tiene de divertido, pregunta la otra niña, No se, mi papi jugaba a eso de chiquito. La otra niña aprueba el juego sin decir ninguna palabra. Las dos rebotan en sus asientos para encontrar algún pichirilo. Lady, que está mas cerca de la ventana, trata de buscarlos de ese lado, la otra niña se levanta de su siento intentando encontrar un pichirilo del otro lado de la ventana, mira hacia atrás y se encuentra con la mirada de los colegiales sudados que se ríen cuando ella les ve, la otra niña les tuerce los ojos y busca un pichirilo por otros agujeros a través de la gente que ocupa el pacillo, el bus se comienza a llenar. Lady mira a la ventana y mira a su amiga como preocupada de que no le guste el juego pero la otra niña se empeña por encontrar el pichirilo. Pichirilo rojo, pichirilo rojo dice la otra niña saltando y riendo, Ese no es pichirilo dice lady, Claro que es dice la otra niña enojada, Que no es, mírale bien, Si es, está clarito. Una joven observa la escena y se acerca a las niñas, Ese no es pichirilo es un Mini Austin, las niñas se quedan en silencio, Lady contenta de la ayuda de la joven y la otra niña enojada. El bus ya ha hecho varias paradas, gente sube y baja, mujeres con niños en brazos, indígenas con niños en la espalda, un negro que vende cocada, un payaso amenazando dar un beso con lengua a quien no le compre cinco caramelos por veinte y cinco centavos. Frente a las niñas una pareja había olvidado que estaba en un bus y daban una escena casi sexual.

 

Las niñas seguían en su juego que no daba resultados, solo carros modernos, nada de pichirilos. El bus se quedó por mucho tiempo en una parada, un señor de la última fila golpeaba con una moneda un tubo del bus mientras gritaba: Dele, dele, que no estamos de turismo.

 

El bus avanzó, varias cuadras después una señora gorda timbraba el botón rojo de parada con insistencia, el chofer aceleró para aprovechar el semáforo verde que pronto se haría rojo. La señora gritó con rabia, otra señora la ayudó con otro grito que insultaba al chofer. Paran donde les da la gana estos pendejos, decía la gorda fúrica.

 

La otra niña se dio cuenta que la casa de Lady ya estaba cerca y aún no habían encontrado ningún pichirilo. Ya te tienes que bajar Lady, te vas a pasar. Lady se quedó en silencio, con la mirada fija en la ventana buscando los carros gorditos. Es que no hemos encontrado ni un pichirilo, dijo Lady, No importa, dijo la otra niña rápidamente, te vas a pasar de parada, Es que no hemos encontrado ni un pichirilo volvió a decir Lady. La otra niña no dijo nada. Vio pasar la parada de su amiga. Siguieron buscando y nada, la gente bajó, la pareja pornográfica, los colegiales sudorosos, los niños y las niñas de las otras escuelas. Dos cuadras antes de la última parada las niñas estaban solas, girando alrededor de ellas, Jugando a algo que no había provocado ni una sola sonrisa. El bus sonó a última parada, se oyó ese sonido de freno. El chofer y la azafata miraron a las niñas extrañados. Es la última parada guaguitas, ya deben bajarse. Las niñas no se vieron, ni vieron al chofer ni a la azafata, Lady miraba afuera de una ventana y la otra niña miraba por fuera de la otra, las dos en silencio, las dos serias, las dos sin jugar a nada. 


1 comentario:

Anónimo dijo...

tengo un pichirilo, no se porque amo esos carros, probablemente a este porque tiene casi 30 años, como yo. Muy interesante tu blg, te felicito, me atrapaste en un mail de los que generalmente borro.

saludos
Darío