La gente es pobre en este país porque la da la gana de ser pobre dijo Martín bebiendo un sorbo de un licor verde fosforescente. No me vengas con pendejadas, respondió Ariel, las cosas no son tan fáciles, la gente no decide ser pobre, depende de la educación, del barrio donde naciste, depende de un montón de cosas. No es cierto, debatió Martín, el hijo de mi empleada por ejemplo, ese tipo es pobre porque quiere ser pobre, la mamá gana dos cientos dólares, que para este país, no está nada mal, el man no estudia, es medio pandillero y se pasa de basuco en basuco. Tu también te pasas de basuco en basuco, acribilló Iván que hasta ese momento se había quedado en silencio, no seas sínico, vos eres un drogadicto de mierda y no tiene nada que ver con la pobreza. Hubo cinco segundos de silencio.
Martín bebió un poco de su licor, Ariel, encendió un tabaco, Iván besó en la mejilla a Valeria que estaba a su lado, escuchando sin decir nada. Y vos que piensas interrogó Ariel a Valeria. Yo no creo nada. No jodas, claro que crees algo, todos creemos algo, no te puede dar igual. La plena quieres saber que pienso?. Claro, respondieron todos a coro. Creo que la única forma de cambiar las cosas es la revolución, y no se rían pendejos que aunque suene trillado, creo firmemente en eso, hay que darnos cuenta que todo es una lucha de clases y que debemos quitarle a los burgueses lo que nos han quitado, el problema es que nadie tiene los huevos en este país, que todos nos quedamos quietos sin mover un dedo por nada ni por nadie, el problema es que todos nos vendemos y hay cosas que no tienen precio , no todos nos vendemos por cualquier cosa. Otro silencio y Martín rió. Te salió marxista tu noviecita Iván, pero el noventa por ciento de lo que dijiste es una utopía pendeja, con el respeto que se merecen los presentes, dijo riendo, la plena Vale, no me vengas con discursos a lo Che Guevara, esas cosas ya se murieron en los setentas, además todos tenemos un precio. No es cierto, no todos tenemos un precio, alzó la voz Ariel que seguía sosteniendo el tabaco entre el dedo del medio y el ñidice que junto con su boina le daban un aire bohemio e intelectual, justo lo que el quería aparentar.
Martín continuó la discusión. A ver, Arielcito y Valeria, ustedes que son tan revolucionarios y no vendidos. Que tal si le ofrezco una casa en el centro, con todas las comodidades, con toda la comida para que se armen un sindicato de trabajadores, o como se llame, con alimentación, un carro rojo para que quede con su pensamiento rojizo, todo esto les regalo, que pensarían?, lo toman o no lo toman?. A cambio de qué?. A cambio de nada, mejor dicho, a cambio de que sepan que todos tienen un precio, incluso ustedes, seudo izquierdosos. No todo es así, dijo Iván, no todas las cosas son negras y blancas, hay gente que realmente no se ha dejado comprar. Claro que no, y ahora están muertos los muy pendejos. Pero murieron como héroes, casi gritó Valeria. No me vengas con ese discurso pendejito de los héroes, que ese discurso en este siglo ya no existe. Eres un huevón Martín, un perfecto huevón, insultó Ariel. Talvez si, pero realista. Por realismos como los tuyos estamos en la mierda, por esos realismos la mayoría de la población vive con un dólar diario, por esa mierda de realismo hay gente fuera de este bar que se muere de hambre, gritó Valeria. Ya basta, la plena, nos estamos cagando la salida, dijo Iván. Mejor dejemos el tema pobreza para otro día, concluyó Martín, en esos temas han sido medios revolucionarios y pierden la objetividad. Sigues siendo un completo huevón, concluyó Valeria y rieron. Todos terminaron sus tragos. Valeria de pronto hizo una seña a Iván para irse, el asintió. Bueno compañeros poetas, tomando en cuenta los últimos sucesos, nosotros nos vamos. No jodan dijo Ariel, quédense un rato más. No podemos, es que tengo que retirarle a mi vieja de una reunión con sus amigas y después irle a ver a mi hermana al curso de ballet, no ves que ahora se cree bailarina la mocosa. Con que no se haga teatrera, dijo Martín, con tono irónico. Bueno, nos vamos. Nosotros también nos vamos entonces. La mesera pasó en ese momento junto a Ariel. Pidieron la cuenta. Dos minutos después el papelito blanco estaba en manos de Iván. Salió noventa y tres con ochenta y cinco, nos toca como a veinte y tres por cabeza mas o menos. Valeria sacó tres billetes de veinte y los puso en la mesa. Ustedes pongan el resto. No loca, cada uno su parte. Tranquilo, la próxima pagas vos.
Se despidieron, como siempre, con abrazos, Iván abrió la puerta del copiloto para que Valeria suba, los dos en el carro se besaron por unos minutos, el casi por costumbre topó sus senos, ella bajó su mano y le recordó que ya estaban tarde para retirar a la hermana. El se separó sin decir nada y aceleró.
Martín y Ariel subieron a sus autos, veinte minutos después estaban en un bar en el que ya habían acordado encontrarse. Se emborracharon con tequila, Ariel encontró a una vieja amiga, la intentó besar, ella se negó y desapareció. Se cansaron de ese bar y fueron a otro, ahí tomaron bodka. A las doce de la noche decidieron que era el turno del ron y fueron a otro bar. A las tres de la mañana decidieron que era hora de buscar algo más serio. Entraron a una especie de galpón, se sentaron e inmediatamente dos mujeres estaban en sus piernas, bebieron un poco más, subieron a unos cuartos oscuros en el segundo piso del lugar. A las seis de la mañana se despidieron con un abrazo. Cuando Ariel se levantó en la tarde, revisó su billetera y vio que no había nada de dinero. Trescientos dólares, trescientos dólares en una noche. Valió la pena, dijo en voz alta.
1 comentario:
una bestia!, de donde sacas esas ideas tan ciertas y tan nuestras? viendo o de los cuentos de tu memoria...te felicito me encantan tus relatos.
Andre C.
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